Despertar
20 de enero 2018
DESPERTAR
Despertar en la cama ajena, dormir en ella y contagiarme los sueños, angustias y curiosidades.
El atardecer eterno, 22 horas y aún no oscurece.
Y en esta cama, observo el rosado del cielo, organizo mis días en la agenda de mi cabeza.
Mi tiempo es lento pero rápido pasa y se me van las horas intentando hacer algo fructífero con él.
Entonces escribo, vuelvo a darle vueltas a lo construído, rompo todos los esquemas y al rato puedo arrepentirme porque la culpa es la semilla más difícil de desterrar de esta consciencia que soy, que fui, que quiero ser.
Salen de mis dedos las letras, unos minutos para mi y mi cuerpa.
Hola, cómo estás?
Cuantas pulsiones guardadas que tienes, me das miedo, me das vergüenza y a veces bronca.
Luego el perfume, una serie, el cielo, fumar, comer o beber un vaso de agua me sacan de ese lugar donde soy la peor de todas conmigo misma.
El cielo ya es violeta, dentro de unos minutos anochece en Chile.
Paro de morderme las uñas y llamo a la gata, Jaru.
Ahora con su ronroneo en la panza me siento segura.
Vení, no te vayas.
Ya casi es de noche, las bandurrias están haciendo alto kilombo fuera, hacen un ruido difícil de imitar, peculiar.
Miro el cielo, guauu! Se puso naranja fuega!
Me está llamando, dale Ariell dejá el celular, dejá la pseudo poesía que estás haciendo y vení que te inundo toda de ese algo que te deja sin palabras.
Me levanto de esta cama, que viajando no es mía y desde la ventana me veo venir.



Comentarios
Publicar un comentario